jueves, 12 de noviembre de 2009

No hay nada que, permaneciendo tan incondicio- nalmente en su lugar, parezca sobrepasarlo tanto como lo hace el ojo: penetra, se retira, pone cerco a un espacio, vaga de un lugar a otro, se extiende como tras el objeto anhelado y lo arrastra en sí.

Georg Simmel


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